El título del Blog, es mi lema sacerdotal. Como salesiano ha sido lo que siempre me guió: haberle dado la vida a Jesús, y recibir de él, por medio de Don Bosco, Vida en abundancia. Eso procuro hacer, entregarla a los demás, para que se sientan "vivir" en Dios y con Dios, el Señor de la Vida, la fuente de la santidad con alegría. +julio sdb.
viernes, 6 de agosto de 2010
Homilía de 18° Domingo del Tiempo Ordinario.
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No debemos perder de vista que, Domingo a Domingo, vamos caminando tras Jesús.
Él, en el capítulo 9 de Lucas, ya vamos por el capítulo 12, decía: "...se encaminó decididamente a Jerusalén..." (Lc 9, 51). "Decididamente...", estaba dispuesto a afrontar la voluntad del Padre, que era dar la vida. Los discípulos iban con Él. Hoy, somos nosotros los discípulos que debemos ir tras Jesús, para también, "decididamente", cumplir la voluntad salvífica del Padre, para nosotros y el mundo entero. Ahora, esa "decisión", tiene Domingo tras Domingo, diversas enseñanzas. Este Domingo tiene una enseñanza muy concreta: Dios y las cosas; Dios y "las riquezas" (Lc 12, 21), como dice el Evangelio; Dios, y los bienes materiales.
El Libro del Eclesiastés, en la primera lectura de hoy, comenzaba diciendo: "¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Qohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!..." (Ecl 1, 2). Comienza viendo, toda la realidad, bajo este signo, el signo de la "vanidad". Todo lo que hay es vano, todo lo que existe, no vale; pero, ¿en vista a qué "no vale"? Nada vale en vista a la Vida Eterna. Si hay que llegar a una meta, dónde no va a traspasar nada de lo material, entonces no conviene aferrarse a nada de lo material de este mundo. Si vamos a una Casa, en donde vamos a vivir de lo espiritual y el amor, entonces vale atesorar en este mundo, lo espiritual y el amor. Si vamos a un lugar donde no van a valer las riquezas, entonces vale descubrir, en dónde están las verdaderas riquezas de este mundo. No hay que ser "insensato" (v. 20), sino "rico" (v. 21) a los ojos de Dios.
Entonces, ¿qué pasa con "las cosas"? Por ahí, tenemos ejemplo sobrado de cómo lo mucho, lo mucho en dinero, lo mucho en posesiones, lo mucho en cosas, extravía el corazón de los hombres, al punto de que, nos dice San Pablo, en la segunda lectura "... hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal:.. ...también la avaricia, que es un forma de idolatría" (Col 3, 5). Cuando uno pone el corazón en las cosas, termina desplazando, del mismo, a Dios.
El Libro de los Proverbios, advertía esta experiencia, tanto es así que un sabio, en su súplica decía "... no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: ¿Quién es el Señor?, o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios" (Prov 30, 8-9). Entonces, el todo o la nada; y nuestro corazón, ante lo que considera "todo" o "nada". ¿En dónde están nuestras "seguridades"?.
El Evangelio nos dice que el único que salva, es Dios. Las riquezas y todo lo demás es, para la Palabra, "¡vanidad!". Por eso, ponerse a juntar cosas, solamente, por las mismas cosas, es "vano". En el original hebreo, la palabra "vano", se dice "habel", y quiere decir, "viento", "lo que pasa", "lo que hoy es y al rato no es", "lo que desaparece", "el aire"; así como hoy está "este aire", mañana ya no está "este aire". Dicho en buen criollo, es juntar cosas "al cuete". Hay cosas que no sirven para nada. De hecho, uno lo puede tener todo, pero, no tiene "salud", y... no tiene "nada"; uno puede tener autos y casas, pero, no tener "amor", y... no tiene "nada"... ¡Nada!
Entonces, otra vez: ¿Dónde ponés tu corazón? ¿Cuáles son tus seguridades? Lo material..., no te va a llevar a nada. Te puede, sí, brindar algunas tranquilidades, para "ahora", pero el "todo", no es el "ahora", el todo, será, después, y al después, no vas a ir con los bolsillos llenos, porque ya no vas a tener bolsillos, sino, lo que guardaste en el corazón. Y si con el corazón fuiste generoso, allá, van a ser generoso con vos; si fuiste avaro, tuviste "otro dios", no tendrás la salvación del verdadero Dios, porque ya elegiste a "otro dios"; a "otro" has estado adorando.
Por eso, hoy, Jesús nos dice: ¡Guarda con los bienes de este mundo! Si "muchos", más todavía. ¡Cuidado, cuidado! Porque eso no da la verdadera felicidad, no da la bienaventuranza. En cualquier momento, te pueden decir: "Bueno. Listo. ¡Vamos!", y..., ¿para quién a va ser todo lo que has acumulado? ¿Para quién? Atentos a llenar el corazón, y no buscar, afanosamente, vivir para llenar los bolsillos. Aún los bolsillos llenos, no te van a comprar aquello. Lo que te va a comprar aquello, es el corazón lleno. Y el corazón se llena, cuánto más se da; el corazón se llena cuanto más se comparte, el corazón se llena cuanto más se entrega, llámese dinero, llámese tiempo, llámese salud, llámese vida. Porque decía S. Francisco de Asís: "...dando, es como se recibe; perdiendo, es como se encuentra; muriendo, es como se resucita a la vida eterna". Por tanto, atentos: si seguimos a Jesús, él tiene que ser el todo. No te va a dar la seguridad, la marquita en el bolsillo de atrás de tu jean; ni el logo que tenés bordado en la camisa, remera, cárdigan o buzo; tampoco la marca en el contra cuello de tu sobretodo, tapado o campera. Lo que te va a dar la vida eterna es, la "marquita" que te quedó en el corazón cuando en el Bautismo, te dijo el Padre del Cielo: "¡Este es mi hijo muy amado!"; la "marquita" que tenés en el corazón y que es una cruz de muerte y vida, una cruz de gloria y de amor. ¡Eso te va a salvar!
Este fin de semana, los ministros ordenados de la Iglesia, debimos cambiar el tomo del Breviario, es decir, del libro de las oraciones cotidianas que hacemos por el Pueblo de Dios y el mundo. Revisando el Tomo IV, encontré algo que para mí es "herencia materna", algo que me quedó de mi mamá. No es dinero, ni bienes, ni cosas, es un pequeño manuscrito de mamá, al final de una carta escrita por papá. Lo guardo como un tesoro, porque sé que eso es, todo y sólo amor. Dice así, la esquelita:"¡Feliz día del niño!, sí porque ustedes es mi niñito". Eso es "todo", eso es "herencia" porque es "amor". No es dinero en un banco, es un mini manuscrito, escrito con el corazón.
Allá, nos van a pedir eso, lo del corazón, no lo de los bolsillos. ¡Amar, amar, amar con todo el corazón! Eso nos va a abrir las puertas del Cielo. Amén.
domingo, 1 de agosto de 2010
18. ser ricos en orden a Dios
domingo, 4 de julio de 2010
Buenos consejos, de Fray Domingo Cosenza, op.

LAO TSE (Tao 76).
domingo, 27 de junio de 2010
jueves, 10 de junio de 2010
¿Qué sacerdote te ha impresionado más?
Recordar y agradecer. A las puertas de la conclusión del Año Sacerdotal.
lunes, 7 de junio de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
El cáliz de tu sonrisa.

viernes, 29 de enero de 2010
II. Sendas del sendero
miércoles, 20 de enero de 2010
lunes, 9 de noviembre de 2009
Hermoso testimonio que vale la pena atesorar...
La chica de la foto se llama Katie Kirkpatrick. En la época de esta conmovedora historia (2005), contaba ella con 21 años de vida. A su lado se encuentra Nick, su novio, que por entonces tenía sus 23 años. Esta foto, como atestigua el correo recibido, fue tomada poco antes de la ceremonia de casamiento de ambos, realizada el 11 de enero de 2005 en los Estados Unidos. Katie tenía cáncer, en estado terminal, y pasaba horas por día recibiendo tratamiento y medicación. En la foto, Nick, aguarda junto a ella el término de una más de esas largas sesiones.
A pesar de haber sentido mucho dolor, pues varios de sus órganos presentaban falencias en su funcionamiento, y aún teniendo que recurrir a la morfina en cada vez más elevadas dosis, Katie llevó adelante su casamiento, haciéndose cargo, cuidadosamente, de todos los detalles, incluso los personales. En este sentido, su vestido de bodas tuvo que ser ajustado varias veces, pues Katie perdía peso todos los días debido al cáncer.
Un accesorio inusitado en la fiesta fue el tubo de oxígeno usado por Katie. El accesorio acompañó a la novia en toda la ceremonia y la celebración posterior. Esto no menoscabó la alegría de la pareja que se contuvo mutuamente todo el tiempo, a la vez que recibieron el incondicional apoyo de los demás. La otra pareja que aparece en la foto son los padres de Nick, emocionados con el casamiento de su hijo con la mujer de la que se enamoró desde la adolescencia.
A pesar de las circunstancias, que aconsejarían la discreción y parcimonia, muy por el contrario no faltó la alegría desbordante en toda la celebración, alegría que es propia del verdadero amor. Por momentos esta fue muy significativa entre todos los presentes. Como es el caso de esta foto donde observamos a Katie, sentada en una silla de ruedas y con el tubo de oxígeno, escuchando y sonriendo alegre y gustosamente a su marido junto a sus amigos cantando felices para ella, la esposa.
La alegría, por cierto, no quita la cortesía y en el realismo de la situación todos saben comprender lo que vive Katie. Ante el dolor que le impide estar completamente dispuesta, todos colaboran cuando debe reposar un poco para restablecerse físicamente y continuar la celebración de su boda. Descansar un poco, y continuar.
La vida es corta...,
trabaje como si fuera su primer día,
perdone rápidamente,
bese demoradamente,ame verdaderamente,
ría incontrolablemente,
y nunca deje de sonreír
por mas extraño que sea
el motivo.
La vida no puede ser la fiesta que esperábamos,
pero, en cuanto estamos aquí, debemos sonreír mucho y dar gracias constantemente...En gratitud por el testimonio de Katie y Nick.